martes, 27 de agosto de 2013

El dedo y el renglón: documentación y comentario sobre los claroscuros de la destitución de Boris Berenzon



La resolución del Consejo Técnico de la Facultad de Filosofía y Letras de comenzar un proceso administrativo y laboral encaminado a destituir a Boris Berenzon es sin duda una noticia alentadora. Aún más alentadora resulta la proliferación de notas en prensa, columnas y comentarios en redes sociales que no sólo la magnifican al ratificar que el fraude académico es un tema de interés público, sino que comienzan a trazar rutas para la reflexión que tal vez ayuden a entender por qué fue posible un caso Berenzon. Ahora bien, antes de que yoquierountrabajocomoeldeboris se sume a esa corriente, que por lo pronto me he contentado con indexar exhaustiva y ordenadamente aquí, propongo a la consideración del lector las siguientes informaciones complementarias sobre la resolución del Consejo Técnico, así como algunas preguntas que aún no parece pertinente abandonar si en efecto se quiere partir de este caso para reflexiones de más altura.

En sesión extraordinaria del 13 de agosto, el Consejo Técnico resolvió destituir a Boris Berenzon. El único testimonio que se ha hecho público sobre la sesión es una crónica dada a conocer al día siguiente en El presente del pasado, que da cuenta del orden del día y del tono general de la sesión. Interesa destacar que tres documentos fueron leídos al pleno: la defensa escrita que el Sr. Berenzon presentó en un valiente intento de demostrar que plagiar no es plagiar, un complemento para el expediente presentado por un grupo de catorce académicos, y una carta de Pablo Piccato, respaldada por algo más de 200 firmas, en que demandaba una resolución adecuada al caso y un pronunciamiento público de las autoridades. También interesa señalar que un tercer escrito, que se presentará más abajo, no recibió lectura: se trata de la denuncia enviada por Samuel Schmidt, uno de los autores más afectados por los plagios de Berenzon, a la dirección de la Facultad.

Varios de estos puntos ameritan comentario, comencemos por la carta de los académicos, de cuyo acuse de recibo me fue enviada una copia digital:


La entrega de este documento no es un dato menor si consideramos que es la única respuesta organizada que los colegas de Berenzon –o al menos un puñado de ellos- han dado al caso. También es relevante mencionar que el Consejo Técnico venía procediendo sobre la base administrativa de las únicas dos denuncias que le fueron acercadas formalmente: la de Juan Manuel Aurrecoechea del primero de abril, y la de Francisco Miñarro del 7 de junio, y fue éste un intento por ampliar la materia a juzgar. Interesa revisar el índice que incluye el documento, reflejo del contenido de una caja llena de evidencias, pues observamos allí que no sólo se retoma el trabajo de recopilación y cotejo publicado en este blog, sino que se aportan pruebas de plagio en un par de artículos académicos más. Uno de ellos es “Las penas de la veracidad historiográfica y literaria”, publicado en el número 2 de la revista Vetas de El Colegio de San Luís (1999), en que Boris plagió nada menos que a Michel de Certeau. Por último, observemos que el último ítem entregado es una copia del expediente de la denuncia que emprendió la Dra. María Alba Pastor contra Berenzon en 2004 por plagiar el programa de su curso. En este blog se había ya hecho referencia a esta protesta, desestimada por el Consejo Técnico que apunta en su acta de la sesión que “consideró que no está facultado para dirimir este tipo de controversias“: el dato nuevo es que la Dra. Pastor llevó después el caso a la Defensoría de los Derechos Universitarios, sobra decir que con idénticos resultados, lo que rinde un testimonio más de la dudosa eficacia de los canales institucionales. Hechas estas observaciones, podemos ya pasar a la escueta respuesta que recibió el grupo de profesores:


A final de cuentas, el Consejo Técnico determinó proceder en estricto apego al cauce administrativo que habían abierto, es decir, considerar que las faltas a juzgar eran únicamente las dos que fueron formalmente denunciadas con anterioridad. La sanción impuesta a Berenzon –destitución – es la mayor contemplada por la Legislación, así que en última instancia el que no se haya oficialmente tomado en cuenta este voluminoso complemento podría parecer un dato menor, pero no lo es si se considera que la prensa y muchos comentaristas que la utilizan como fuente han producido la impresión de que las faltas académicas de Boris consisten sólo en el plagio de dieciocho párrafos del libro Puros cuentos y una ponencia a Francisco Miñarro, y soslayan -tal vez inadvertidamente- quince años de ausentismo y centenares de páginas robadas de la obra de varias decenas de autores más. Es el caso, por ejemplo, de la nota de Emir Olivares en La Jornada del 16 de agosto, sintética paráfrasis de la crónica en El Presente del Pasado, a la que por cierto no se molesta en citar.

Pasemos ahora a comentar la carta escrita por Pablo Piccato, que es un elemento valioso para la reflexión pues su autor compartió públicamente la lista de los adherentes y la respuesta que recibió por parte del Consejo Técnico. El documento, con sus firmantes, puede consultarse aquí. Tal vez lo más interesante de la lista de adherentes emerja si reflexionamos en torno a quiénes no firmaron, pues el silencio de la gran mayoría de los profesores de la Facultad y de todos sus eméritos se suma a la larga lista de omisiones cómplices sobre las que reflexionaremos en una entrega futura. Procedamos por ahora a la carta que el Consejo Técnico envió como respuesta a Piccato y que él hizo pública por internet.


No debe pasarnos desapercibido, en primer lugar, que la Mtra. Ofelia Escudero, Secretaria General de la Facultad, da al Sr. Berenzon trato de Doctor. Es un detalle pequeño, pero si vale la pena señalarlo es porque nos remite a un problema irresuelto hasta ahora: si Berenzon realizó abundantes y objetivamente comprobados plagios en sus tesis de maestría y doctorado, ¿son válidos sus títulos de posgrado? Para todo efecto administrativo, pareciera ser que sí. La pregunta que sigue es ¿pueden retirársele los grados? No existe respuesta. La Legislación Universitaria ni siquiera contempla el plagio entre las causales de sanción a sus académicos: el inciso B del artículo 108 del Estatuto del Personal Académico, usado como fundamento jurídico para la resolución del Consejo Técnico, es el equivalente de “etcétera”, pues indica simplemente que es causa de sanción “La deficiencia en las labores docentes o de investigación objetivamente comprobada”. Quienes generaron estas reglas no previeron un caso de esta naturaleza, así que es probable que a pesar de la evidencia de prácticas fraudulentas en la obtención de los grados académicos, Berenzon los conserve. Y no perdamos de vista dos datos fundamentales: 1) la resolución del Consejo Técnico debe ser ratificada por la Comisión de Honor del Consejo Universitario, que no tiene un plazo perentorio para hacerlo* y mientras tanto aplica el artículo 100 del Estatuto General de la UNAM:
Cuando se trate de profesores que tengan más de tres años de servicios, la sentencia que les separe de su cargo será revisada de oficio por la Comisión de Honor, no surtiendo entretanto sus efectos.
Y 2) con esta ratificación apenas sería oficial el gesto institucional de destitución: sólo después de ella se ingresa propiamente al ámbito laboral.

Sigamos con la respuesta que recibió Piccato, en la que se justifica el cuestionado silencio de las autoridades con un “cualquier clase de pronunciamiento fuera del marco legal […] implicaría transgredir las vías institucionales y obraría en contra del proceso”. Recordemos que Piccato y los adherentes a su denuncia pedían: “Que el proceso sea llevado adelante con toda energía y con amplia transparencia […] Una denuncia pública de la deshonestidad intelectual y laboral que definen este caso […] un pronunciamiento sin ambigüedades”, y esto en respuesta al único comunicado que las autoridades han hecho sobre el caso, fechado el 5 de agosto, en el que básicamente se decían dos cosas. La primera, que el Consejo había comenzado un proceso sancionatorio con fundamento en la Legislación. Y la segunda, una interesante advertencia:

conviene señalar que el Reglamento de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales de la UNAM, establece en su artículo 6, fracciones III y IV, que es información reservada la relativa a los expedientes de los procedimientos de responsabilidad de los empleados universitarios, así como las opiniones, recomendaciones, insumos, proyectos, acuerdos, dictámenes o puntos de vista que formen parte de un proceso deliberativo. Difundir tal información de manera que contravenga las normas establecidas, es causal de responsabilidad y sanción.

Naturalmente, es derecho de cualquiera que atraviese por un proceso de sanción institucional que su caso sea tratado con un mínimo de confidencialidad. Mas no queda claro de qué modo un pronunciamiento que genéricamente condene la deshonestidad intelectual y advierta el tipo de sanciones a las que se hará acreedor quien incurra en prácticas como ausentismo y plagio vulneraría la confidencialidad del proceso del Sr. Berenzon. De cualquier forma, llega el momento de retomar un dato fundamental sobre la resolución del Consejo Técnico: la conocemos únicamente por vía de la crónica en el blog El presente del pasado. Permítaseme insistir: pasadas dos semanas de la sesión extraordinaria del Consejo Técnico, dedicadas columnas de diarios nacionales a discutir el tema y reproducida la escasa información disponible hasta el cansancio, la comunidad de la Facultad y todos los que siguen el caso no cuentan con ningún comunicado ni posicionamiento oficial por parte de representantes y autoridades universitarios. Esto no puede dejar de llamarnos la atención sobre la presencia de importantes opacidades: primero, a la que se enfrentó la periodista de El Universal que ha llevado el caso y relataba ya en la nota “La historia de un plagiario serial” del 5 de junio que Gloria Villegas le negó una entrevista. Para su nota “Boris Berenzon será destituido”, del 16 de agosto, Piñón volvió a intentarlo, con igual resultado.

Fragmento de "Boris Berenzon será destituido" en http://www.eluniversal.com.mx/cultura/2013/impreso/boris-berenzon-sera-destituido-72423.html#1
 
Segundo, que las actas del periodo en curso del Consejo Técnico, órgano colegiado formado mayoritariamente por representantes de alumnos y profesores de la dependencia, se encuentran “clasificadas”: únicamente puede acceder a ellas vía el sitio web de la Facultad quien proporcione una contraseña.

Cuadro que solicita al visitante del sitio web de la FFyL-UNAM un usuario y contraseña para acceder a las actas del Consejo Técnico

Tercero: la Mtra. Escudero recuerda a Piccato que las sesiones del Consejo Técnico son públicas. No nos explica, sin embargo, por qué un guardia apostado en la entrada de la sala del Consejo Técnico durante la sesión del 28 de junio pretendió negarle el acceso a dos exconsejeras estudiantiles por miedo a que fueran “las de prensa” -Alida Piñón, de El Universal, y Mirtha Hernández, de Reforma- que habían sacado notas sobre el caso hacía algunas semanas en sus respectivos diarios. Pero eso es lo de menos: lo verdaderamente importante, y que la Mtra. Escudero por supuesto omite, es que la convocatoria a las sesiones del Consejo Técnico se hace de forma extremadamente discreta… El mismo sitio web de la Facultad reporta que tuvo lugar una segunda sesión extraordinaria para tratar el caso del Dr. Berenzon el 23 de agosto: todos podíamos pasar a la reunión, pero desafortunadamente sólo los consejeros fueron informados de que tendría lugar.


Si a esto sumamos que las minutas son confidenciales y que todo aquél que sea culpable de “Difundir tal información de manera que contravenga las normas establecidas” se hará acreedor a una sanción, estamos ya en condiciones de juzgar el tipo de transparencia que están dispuestas a manejar las autoridades universitarias.

Captura de pantalla de la notificación que el usuario recibe al intentar acceder a las actas del Consejo Técnico

Pasemos pues al tercer escrito, el que no fue leído en la sesión del Consejo Técnico. Lo envió Samuel Schmidt, autor de Humor en serio, libro al que Boris plagió unas 80 páginas en su tesis doctoral (la que luego publicó bajo el título Re/tratos de la re/vuelta). Al no ser considerada en la sesión, Schmidt antepuso una nota a su carta protestando por la omisión y la reenvió a Rectoría. El documento que abajo reproduzco fue enviado a todos los consejeros técnicos de la Facultad el día de hoy, 27 de agosto, con la siguiente explicación:


Ante semejante opacidad institucional, queda del lector especular sobre las razones que llevaron a la Dra. Villegas a no darle cauce al escrito en la sesión del Consejo. Si desea usted otorgarle el beneficio de la duda, consulte en corto con la autoridad a la que más confianza le tenga, porque andamos algo escasos de explicaciones públicas y nada parece indicar que esto vaya a modificarse.

 

Vemos que no están exentos de sospecha los mecanismos institucionales de sanción, ni en cualquier caso habría el proceso de destitución pasado de sus primerísimas fases. Tampoco se ha aclarado aún bajo qué argumento se le autorizó ilegalmente a Berenzon un año sabático en París después del extrañamiento que se le impuso por ausentista y mentiroso en 2011, ni existe respuesta en torno a la validez de los títulos académicos de un plagiario, o, para el caso, del Premio Universidad Nacional que el Sr. Berenzon recibió de manos del rector Barnés en 1997.

Fotografía extraida de la versión impresa de "Un plagiario serial", publicado en El Universal el 5-jun-2013.

En suma, no es aún momento de quitar el dedo del renglón: la historia continúa y hay que seguirla hasta tener evidencia de que, al menos esta vez, encontramos para ella algo que se asemeje a un final digno.

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* Adenda jurídica: Los artículos pertinentes son el 27 y 28 del Reglamento del Tribunal Universitario y de la Comisión de Honor, que indican que el Consejo Técnico tiene tres días a partir de la notificación de su resolución para remitir el expediente a la Comisión de Honor, que contará con ocho días a partir de la sesión en que conozca del asunto para confirmar, modificar o revocar la resolución. El problema aquí es que la Comisión de Honor no posee un calendario ordinario de sesiones, sino que sólo se reúne, sobra decir que con toda discreción, bajo convocatoria de su presidente, del abogado general o del rector, lo cual puede retrasar los procesos indefinidamente.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Un día anormal en la Facultad de Filosofía y Letras: el Consejo Técnico resuelve destituir a Boris Berenzon



El día de ayer, martes 13 de agosto de 2013, el Consejo Técnico de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, tras una larga sesión convocada en forma extraordinaria para tratar un único punto, determinó destituir a Boris Berenzon Gorn. Esta madrugada, en El presente del pasado se publicó una sintética crónica de la sesión que puede revisarse siguiendo este vínculo, y cuya lectura, incluidos los comentarios al calce, recomiendo antes de continuar con la de este escrito.
En el grupo de Facebook que hace espejo a este blog se conoció la noticia desde muy temprano. Algunas de las reacciones de quienes han seguido el caso desde ese espacio son reveladoras de la importancia extraordinaria atribuida a la decisión del Consejo. Se dice “¡Vaya!” y “Vaya, ya era hora”. Desde España, Francisco Miñarro, uno de los afectados por los plagios de Boris que apoyó pública y enérgicamente la protesta  y hasta se tomó el encomiable trabajo de acercar una denuncia formal al Consejo Técnico, escribe “¡Mis felicitaciones a todos los alumnos de la UNAM!”. Pablo Piccato, quien convocó a una campaña de firmas que permitió a más de 200 personas manifestarse abiertamente sobre el “caso Boris” y el cuestionable silencio institucional, anota “En su sesión de anoche, al votar la destitución de Boris Berenzon, las autoridades de la Facultad tomaron una decisión que no debe haber sido fácil pero que tiene un significado enorme”. Por su cuenta, usuarios de Twitter comentan “Qué gusto! al menos en una ocasión la UNAM hace justicia”, se preguntan incrédulos “¿Será cierta la destitución de Boris Berenzon?”, y declaran “No doy crédito con la decisión del Consejo Técnico”. Un comentarista de la crónica publicada en El presente de pasado –significativamente titulada “Decisión histórica en Filosofía y Letras”- declara “Es fenomenal que se tomen cartas en el asunto”, uno más comienza su aporte catalogando el contenido de la nota como una “Magnífica noticia”; en otro foro de Facebook se lee “¡Vaya! Qué gusto ver que al menos en una ocasión los mecanismos de control de la calidad académica y laboral en la UNAM funcionan como debe ser” y “Es un placer ver que triunfó el interés académico sobre los intereses políticos.” Así, que se den los primeros pasos para expulsar de la universidad nacional a un consumado ausentista, plagiario y estafador que lleva al menos quince años robando textos ajenos, volándose sus propias clases, mintiendo impunemente y escudándose en sus relaciones personales y en deficiencias del sistema académico institucional para salir airoso de todas las denuncias es algo sorprendente, a tal punto extraordinario que amerita felicitaciones, exclamaciones de asombro, titulares que destaquen su carácter histórico, aserciones sobre su enorme significado y revuelo, expresiones de incredulidad, algarabía.
Lo anterior obliga a reconocer que la alegría que legítimamente produce la noticia a los directa e indirectamente agraviados por los fraudes académicos de Boris Berenzon tiene también su nota triste, pues es sintomática de la naturalización de conductas como la suya en el seno de la comunidad académica universitaria, que lleva a tantos alumnos y profesores a considerarlas inevitables, a afirmar que son indeseables pero al cabo normales, a proclamar que no se puede hacer nada, a aseverar con frustración que las autoridades son sordas cuando no cómplices y que no hay forma de confrontar a los estafadores -máxime si están relacionados personalmente con los cuerpos administrativos de sus instituciones-, a lamentarse por la inacción, o apatía, o miedo, o indolencia, o desorganización de una comunidad resignada, o acostumbrada, o sometida, o impotente, o cómplice. En efecto, el día de ayer, martes 13, en que lo único que ocurrió es que el Consejo Técnico actuó del modo más cauto posible con arreglo a la más llana interpretación de la legislación y al más puro sentido común, fue un día anormal en la Facultad de Filosofía y Letras.
Sin duda, la destitución de Boris tiene su importancia –o la tendría, puesto que no es claro el alcance de la resolución del Consejo Técnico ya que, según parece, hará falta ratificarla en la Comisión de Honor y Justicia del Consejo Universitario. Es -o sería- importante, en primera y modesta instancia, porque Berenzon por fin dejará de tener a su cargo la formación de profesionales de la Historia, lo cual redunda en un beneficio pequeño pero real para los alumnos del Colegio y para la disciplina que cultivan. Pero su significado hay que buscarlo un poco más allá, en la esperanza de que este hecho contribuya a desencadenar un proceso de cambio al interior de la Universidad y en otros espacios similares que haga que los “casos Boris” sean los anormales y la destitución de los eventuales estafadores, sin importar de quiénes se trate o la posición que ocupen, algo que todos podamos dar por sentado.
Seamos, pues, consientes de que el caso Boris va más allá de Boris Berenzon: aún queda mucho que discutir, reflexionar, escribir, denunciar y trabajar sobre los graves problemas de los que él no es causa sino emblemático ejemplo. Problemas que pueden atisbarse si uno observa con cuidado esta historia y la relaciona con otras, si intenta entender el contexto que la hizo factible y las racionalidades de los múltiples actores involucrados, si se hace preguntas pertinentes y busca formas rigurosas de resolverlas, si se toma más o menos en serio esto de ser historiador, universitario, ciudadano.
En suma, regocijémonos en la vieja consigna universitaria “una vergüenza menos, una libertad más”, sin olvidar que el manifiesto al que pertenece la frase prosigue con un apodíctico “Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan”.

domingo, 11 de agosto de 2013

Campaña de firmas "Una respuesta adecuada contra la deshonestidad intelectual", promovida por Pablo Piccato

Pablo Piccato, historiador y ex-alumno de la Facultad de Filosofía y Letras, lanzó una colecta de firmas vía el sitio change.org, convocando a quienes se sienten indignados por el caso de Boris Berenzon y las acciones y omisiones de las autoridades de la Facultad a suscribir una carta breve, clara y contundente dirigida a ellas. Cualquier puede adherirse siguiendo este enlace. 


Reproduzco aquí el texto que nos invita a firmar:

México, DF, 15 de julio de 2013

Dra. Gloria Villegas, Directora
Miembros del Consejo Técnico
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad Nacional Autónoma de México

Nos dirigimos a ustedes porque somos ex alumnos de historia y otras carreras de la Facultad de Filosofía y Letras y compartimos una preocupación por su futuro. Las acusaciones de ausentismo y plagio contra Boris Berenzon han sido públicamente documentadas y hasta ahora carecen de un desmentido convincente. Más problemático aún es el hecho de que estas acusaciones y la evidencia que las respalda presentada ante ustedes no han dado lugar a ninguna respuesta conmensurada con su gravedad. El comunicado del Consejo Técnico fechado el 5 de agosto informa sobre el procedimiento iniciado contra el Sr. Berenzon y enfatiza la necesidad de dar garantías a los involucrados y seguir los procedimientos establecidos por la legislación universitaria. Esperamos de ustedes que la investigación y el proceso subsiguiente ante las autoridades universitarias sea llevado adelante con toda energía y con amplia transparencia. El paso del tiempo y las dilaciones sólo puede llevar a la errónea conclusión de que las conductas de las que el Sr. Berenzon ha sido acusadas no son dañinas para la comunidad académica de la Facultad.

Tan importante como este esfuerzo es hacer una denuncia pública de la deshonestidad intelectual y laboral que definen este caso. Los que firmamos creemos que el rigor en la investigación y la escritura, el esfuerzo constante en la enseñanza, y la transparencia en el manejo de las fuentes son valores centrales de nuestra profesión. Exigimos de ustedes un pronunciamiento sin ambigüedades en el mismo sentido. Responder de otra forma, o evadir el tema, como hasta ahora lo han hecho, sólo reforzaría la impresión de que la Facultad de Filosofía y Letras es un lugar donde se toleran conductas opuestas a esos valores.

Hay dos cosas en juego. La primera es la reputación de la Facultad. Sus egresados pensamos que debe seguir siendo un espacio que nutra la creatividad, la investigación de acuerdo a los criterios más rigurosos, y la enseñanza como un proceso de respeto y diálogo. Sólo así podrá contar con el apoyo social que merece su trayectoria. La segunda, y la más importante, es la formación ética e intelectual de los actuales alumnos de la Facultad. El equívoco y la tolerancia hacia conductas fraudulentas en el aula y en la investigación transmiten un mensaje nefasto que socava el trabajo cotidiano del resto del profesorado y el futuro de sus estudiantes. Es momento de que ustedes expresen clara y públicamente su rechazo a esas conductas y demuestren que están comprometidos a cumplir su obligación de sancionarlas.

Cordialmente, [tu nombre].

COMPLEMENTO: La carta fue entregada al Consejo Técnico y leída en su sesión extraordinaria del 13 de agosto de 2013.

lunes, 22 de julio de 2013

El juego de Boris



Hay un aspecto indiscutiblemente lúdico en la fraudulenta trayectoria académica de Boris. La dimensión y obviedad de sus plagios -presentes en abundantes textos publicados y hasta conferencias magistrales- la recurrencia de su ausentismo docente -vox populi en la Facultad de Filosofía y Letras desde hace quince años- y la proliferación de sus mentiras -que lo llevan a confrontar públicamente a quienes lo denuncian en Twitter con un inverosímil “se esta [sic] solucionando el equivoco [sic]”* -son casi una provocación, una invitación a descubrirlo, una larga secuencia de pistas que ha soltado por el camino, a la espera de que alguien encontrara el rastro y se decidiera a seguirlo. Tal vez para Boris fue placentero realizar todos estos engaños, progresivamente elaborados pero siempre a la vista de todo el mundo. Tal vez gozaba del riesgo antes de efectuar cada estafa y de la continua reafirmación de su astucia ante la infaltable impunidad. Tal vez sentía culpa y de cierto modo deseaba ser descubierto, que algún tipo de castigo cayera sobre él. Tal vez sólo fue inadvertidamente torpe. En cualquier caso, muchos de los escritos firmados por Boris se nos presentan, con su descarado recurso al plagio, como un juego. Un juego en que la premisa es que Boris ha ocultado algo y los lectores tenemos que descubrirlo. Un juego que no sabemos que jugamos y que perdemos cada vez que somos engañados por él. Un juego en que fueron derrotados comités editoriales, colegas, dictaminadores del SNI y de la FFyL, correctores de estilo, periodistas, reseñistas, académicos y estudiantes que citan su trabajo. Lo invito entonces, estimado lector, a familiarizarse con algunos rudimentos del juego de Boris, que el señor Berenzon y otros tantos nos obligan a jugar sin tener la consideración de advertírnoslo.

El artículo “Cautivos en las apariencias: La historia, sus fines y sus muertes” fue publicado en la revista Estudios, del ITAM, en su número 90 (2009). Está firmado por Boris Berenzon y puede accederse a él por internet siguiendo este vínculo institucional biblioteca.itam.mx/estudios/90-99/90/borisberenzoncautivosenlasapariencias.pdf. En este texto, el señor Boris plagia extensamente a varios autores. Revisemos por ejemplo el último párrafo de la página 155 y su continuación en la 156:




Lo primero que debe llamarnos la atención de este párrafo es que Octavio Paz es citado, pero no se menciona la referencia: al lector no se le informa ni la obra ni la página de la que se copió la frase en cuestión. Señalemos también que el artículo de Boris no incluye apartado de bibliografía, pero sí 14 notas a pie de página con referencias a otros escritos: significativamente no se siguió idéntico procedimiento con la cita a Paz. Pues bien, la obra citada es nada menos que El laberinto de la soledad, pero el fragmento marcado con comillas es apenas un pedacito de lo que el señor Berenzon tomó. Aquí el fragmento del original, que pertenece al capítulo "Todos Santos, Día de Muertos":


Muerte sin fin, el poema de José Gorostiza, es quizá el más alto testimonio que poseemos los hispanoamericanos de una conciencia verdaderamente moderna, inclinada sobre sí misma, presa de sí, de su propia claridad cegadora. El poeta, al mismo tiempo lúcido y exasperado, desea arrancar su máscara a la existencia, para contemplarla en su desnudez. El diálogo entre el mundo y el hombre, viejo como la poesía y el amor, se transforma en el del agua y el vaso que la ciñe, el del pensamiento y la forma en que se vierte y a la que acaba por corroer. Preso en las apariencias —árboles y pensamientos, piedras y emociones, días y noches, crepúsculos, no son sino metáforas, cintas de colores— el poeta advierte que el soplo que hincha la substancia, la modela y la erige forma, es el mismo que la carcome y arruga y destrona. En este drama sin personajes, pues todos son nada más reflejos, disfraces de un suicida que dialoga consigo mismo en un lenguaje de espejos y ecos, tampoco la inteligencia es otra cosa que reflejo, forma, y la más pura, de la muerte, una muerte enamorada de sí misma.


Resulta obvio que la única modificación relevante que Boris introdujo al texto fue agregar “Como señala Octavio Paz” y las comillas. Así, Boris cita a Paz y roba a Paz al mismo tiempo, le concede generosamente al autor plagiado –tal vez en señal de respeto- la autoría de una de sus frases, atribuyéndose el resto. ¿Cómo no reconocer un juego de ocultamiento en este proceder?, ¿por qué no citar correctamente?, ¿por qué no plagiar enteramente? Es una pista para nosotros. Quiere darnos la oportunidad de descubrirlo y se regocija cada vez que no lo hacemos.

Haciendo uso de internet, descubrir un plagio e identificar la fuente no es difícil. Basta con copiar algunas palabras en un motor de búsqueda, como google, y pedirle que busque. Veamos un ejemplo práctico usando la frase “La subjetividad trascendental chocó con los presupuestos de las nuevas ciencias del espíritu”, extraída del último párrafo de la página 159 del artículo que venimos comentando. Al indicarle que busque, google arroja lo siguiente:



Hay una correspondencia exacta con un texto de 1998 al que podemos acceder libremente: se trata de “El pensar y la historia”, de Jesús J. Nebreda, publicado en la Gazeta de Antropología de la Universidad de Granada. Revisemos en detalle el párrafo en cuestión:



Y volvamos al texto de Boris:

 


Vemos que Boris plagió buena parte del párrafo de Nebreda, si bien en forma resumida y con mínimas adaptaciones, por ejemplo cambiar “la segunda característica relevante” por “una característica relevante”, para que haga sentido en su texto ya que nunca mencionó cuál era la primera; “hegelianos de izquierda” por “los otros hegelianos”, tal vez expresando un sutil desacuerdo con la caracterización política de los filósofos en cuestión; e incluso añadiendo el llamado a pie de página 13, en que cita, no sin una errata, su libro Historia es inconsciente, versión editada de su tesis de maestría, también a reventar de extensos plagios.


Esto es lo que ha sido textualmente tomado del párrafo de Nebreda, a estas alturas sobra decir que sin cita:


Ha quedado así explicada la elemental mecánica que nos permite tener alguna posibilidad en el juego de Boris, y no ser burlados como lo fueron los integrantes del comité editorial de la revista Estudios.
. 
Tomado del ejemplar digital entero de Estudios, disponible aquí: biblioteca.itam.mx/estudios/90-99/90/90.pdf

Habiendo terminado esta modesta exposición, invito al lector deseoso de probar los conocimientos adquiridos a practicar con el resto del artículo del señor Berenzon, que, además de presentar numerosos plagios más al texto de Jesús Nebreda, integra fragmentos de al menos otros tres autores que queda a ustedes de descubrir. Aprendamos a jugar el juego de Boris, porque si no seguiremos perdiendo, y con nosotros la universidad pública, el oficio de historiador y la dignidad del trabajo académico.

PD: No se pierdan los recientes artículos de académicos que se suman a la denuncia y reflexionan sobre el caso Boris: el post "Fausto Alzati, similares y conexos", de Luis Fernando Granados, y "Una luz para el bien y el mal os dieron", de Josefina Mac Gregor.


* Recientemente Boris borró sus últimas publicaciones de su cuenta de Twitter –entre ellas la que cito, que data del 18 de abril y estaba dirigido a Guillermo Sheridan. Previendo esta situación, las respaldé íntegramente. Aquí puede accederse a los siete tweets borrados, dirigidos a Samuel Schmidt, uno de los autores plagiados (@shmil50), y a universitarios que lo denunciaron vía Twitter desde abril. Aquí pueden ver cómo le fue a Berenzon con Schmidt: https://twitter.com/shmil50/status/357596793925681153...